miércoles, 28 de marzo de 2012

Fernando de Szyszlo Valdelomar

LA REPUBLICA

SOCIEDAD

Mario Vargas Llosa celebra al pie del Misti

Miércoles, 28 de marzo de 2012 | 5:00 am

De cumpleaños. Mario Vargas Llosa cumple hoy 76 años de edad. El Premio Nobel de Literatura celebrará su onomástico en Arequipa, la ciudad donde nació, donde se han preparado actividades culturales y homenajes.

Juan Carlos Soto.

El peregrinaje de Vargas Llosa ha sido intenso. De Arequipa a Estocolmo-Suecia con escalas claves en el itinerario de su carrera literaria: Cochabamba, donde aprendió a leer. Piura, la de los médanos de arena, algarrobos y la Casa Verde, el combustible para las primeras novelas. La gris Lima, la de Zavalita que recorre la calle Tacna desmoralizado interrogándose: ¿en qué momento se jodió el Perú? París, ciudad luz en donde coció como escritor con los fuegos de Flaubert, Camus, Sartre, entre otros. También Londres y una residencia fundamental en Barcelona, la ciudad catalana donde lo condujo la superagente literaria del boom Carmen Balcells.

El escritor ha vivido en más de 70 casas –revela su hijo Álvaro– contando la de la avenida Parra. En el segundo piso de ese chalé de arquitectura republicana se oyeron sus primeros gritos en la madrugada del 28 de marzo de 1936.

De ese primer año de residencia mistiana, él no recuerda nada. Con la familia materna en brazos partió a Cochabamba sin recuerdos. Aunque los Llosa se encargaron de llevarse a Arequipa en el corazón. A los cuatro años de edad recién conoció el Misti, las casas de sillar, el queso helado, las pastas de la Ibérica. Todas esas cosas de las que hablaban en los almuerzos familiares.

En 1940 llegó con su madre al Congreso Eucarístico, una actividad religiosa organizada en el centenario de fundación española de la Ciudad Blanca. Se alojaron en casa del tío Eduardo; ahí probó por primera vez el chupe de camarones, hoy uno de sus platillos predilectos. De regreso de Cochabamba y rumbo a Piura, en las playas arequipeñas conoció el mar. El automóvil fue obligado a detenerse en Camaná para que el niño se zambulla en las aguas frías del Pacífico. La experiencia no fue muy grata; lo picó un cangrejo en el pie.

Desde entonces, ha sido un ida y vuelta. Mario siempre estuvo conectado con sus raíces. Cada visita es una celebración, un reencuentro espiritual con sus abuelos Pedro y Carmen, los tíos que lo protegieron ante el abandono paterno y empezaron a alentar su vocación por los libros. También con amigos y arequipeños vinculados con él por alguna razón. Eduardo Ugarte, Walter Garaycochea y Óscar Urviola refrescan algunas jugosas anécdotas de esas visitas de Vargas Llosa a esta ciudad.

SANTA CATALINA

“Te imaginas a la monja nadando en mierda, Patricia”. El escritor le pregunta a su esposa admirado después de escuchar la exposición de su guía Eduardo Ugarte y Chocano en el recorrido por el monasterio de Santa Catalina, uno de los más imponentes de la Ciudad Blanca. Eran inicios de la década del setenta. MVLl tenía el encargo de escribir un guión para Radio Televisión Italiana sobre el monasterio de Santa Catalina. En una de esas celdas en donde vivían las monjas, Ugarte (hoy director del Museo de Arte Contemporáneo) contó la historia de una interna que sufrió una incontrolable diarrea. Sus compañeras la amarraron al camastro hasta que expulse el diablo. Las evacuaciones eran interpretadas como algo propio del demonio.

MVLl tiene una conexión particular con Santa Catalina; en uno de sus artículos reveló que en el cementerio descansa uno de sus ancestros: la hija menor de la tatarabuela de su bisabuela. Una monjita internada a los doce años y que murió ahí rozando los noventa. “Vez que visito Santa Catalina, echo flores por encima de la tapia con la ilusión que caigan cerca de la tierra que alimentaron sus gusanos”, dice. Después de Santa Catalina, recuerda Ugarte, el club cultural deportivo Cayma lo invitó a un conversatorio realizado en la plaza del distrito. Además de su esposa a Vargas Llosa lo acompañaban sus amigos José Miguel Oviedo y Fernando de Szyszlo. Lo recibieron como presidente de la República. Comió adobo pero se resistió a probar el anisado por su conocida abstinencia. Un señor de nombre Portocarrero se acercó y le contó un drama familiar para que lo escriba. Mario respondió sonriente: mejor cuéntela usted que lo vivió en carne propia.

LA CAMPAÑA POLíTICA

Óscar Urviola Hani es miembro del Tribunal Constitucional (TC). En el Pez en el Agua, el escritor cita a este abogado puneño de nacimiento pero arequipeño por adopción como uno de los grandes militantes de Libertad.

Desde su oficina en Lima mediante el hilo telefónico el magistrado rescata algunas anécdotas de aquella memorable campaña política.

En 1990 Urviola estaba subido al carro de Libertad en rechazo a la estatización de la banca. Urviola trabajaba en el Banco de Crédito. Sus compañeros lo designaron como uno de sus voceros para dar batalla contra la medida anunciada por el presidente García. Elegido diputado en las elecciones de 1990, para la campaña de la segunda vuelta, Urviola acompañó al candidato presidencial a El Pedregal. En ese naciente centro urbano de la irrigación Majes los seguidores quisieron agasajar al escritor con un enorme cuy chactado. El roedor chancado con piedras y frito en aceite ardiente no figura entre sus favoritos. Entonces con gran diplomacia declinó a favor de Urviola, quien devoró hasta los huesos de aquel platillo. “Fui el gran beneficiado”, recuerda entre risotadas.

Tras el fin de la aventura política, la amistad con el escritor se ha mantenido firme. Se han encontrado varias veces como aquella oportunidad a mediados de la década del noventa en Berlín, Alemania.

El ex diputado recibía un curso sobre Democracia y Desarrollo. En la noche que coincidieron Vargas Llosa y Patricia lo invitaron a un concierto de la Filarmónica y a cenar en un restaurante. La larga charla terminó al filo de las dos de la madrugada. En las calles berlinesas a Urviola se le ocurrió tomarse una fotografía. A esas horas no hay un alma en la vía pública. De pronto apareció una pareja, entre ellos un español que aceptó el papel de fotógrafo. Después de disparar el flash reconoció a Mario. “Hace días estuve en Colonia y no pude entrar a su conferencia. Siempre he tenido el sueño de conocerlo”, decía este lector que jamás imaginó encontrarse al escritor a esa hora y pidiéndole una foto.

LA COMIDA SECRETA

En el almuerzo de marzo del 2010 en la picantería La Palomino, uno de los comensales se acerca al escritor con un álbum fotográfico. Es Walter Garaycochea Villar, un docente de filosofía jubilado de la Universidad San Agustín (UNSA).

Mario mira con atención esas postales en las que aparecen milagrosamente rejuvenecidos él, Juan Manuel Guillén Benavides (en ese entonces rector de la UNSA y ahora presidente de Arequipa), su hijo Álvaro, Fernando Olivera, entre otros. Las imágenes corresponden a la noche del 17 de noviembre de 1997.

En esa fecha le concedieron el título de doctor honoris causa, un acto de provocación y desafío para el gobierno de Fujimori. Guillén corrió el riesgo. Después de los actos protocolares preparó un agasajo secreto para el escritor. Guillén encargó a Garaycochea organizarlo en su casa de la calle Ugarteche.

Era tan confidencial que las secretarias del literato que lo acompañaban no sabían a dónde iban. Una de ellas se topó con la esposa de Garaycochea, Carmen Muñoz Najar, y le pregunta: ¿y tú qué haces acá? Soy la dueña de la casa, le respondió a su prima.

Esa noche los invitados llegaron al borde de los ocho y media de la noche. Guillén no asistió al acto de bienvenida.

A esa misma hora, integrantes de la Contraloría lo citaron para que responda por un posible desvío de fondos de la universidad. Como se manejaban las cosas en ese gobierno era de suponer que esa incómoda fiscalización era la primera advertencia por condecorar a MVLl. Guillén llegó después. Y se la pasó conversando con el escribidor en un diálogo muy íntimo. Eran otros tiempos.

La biblioteca regional alberga más de 200 libros en 20 idiomas

Mario Vargas Llosa ha sido traducido a más de 70 lenguas.

En la biblioteca regional que lleva su nombre se albergan más de 200 libros en 20 idiomas diferentes provenientes de su colección personal. En la ciudad los turistas extranjeros empiezan a conocer su obra aunque todavía, a pesar del Nobel, algunos no saben quién es.

Luego que en marzo del 2010 se pusiera la primera piedra de este recinto, Vargas Llosa envió en valija diplomática, desde su biblioteca personal en Madrid, una dotación de libros para nutrir los anaqueles de este centro de lectura que en su primer año de funcionamiento ha recibido más de 22 mil visitantes.

En total fueron 284 libros que incluyen las obras de Vargas Llosa en 20 idiomas: español, japonés, francés, italiano, rumano, húngaro, alemán, inglés, portugués, holandés, polaco, noruego, griego, hebreo, árabe, ruso, chino, coreano, sueco.

Claves

Mario Vargas Llosa habrá nacido en Arequipa, sus primeros relatos transcurrirán en Lima y Piura, habrá alcanzado la fama como escritor en París y le habrán entregado el premio Nobel de Literatura en Estocolmo, pero es en la boliviana ciudad de Cochabamba en donde le sucedió el hecho más grandioso de su vida: aprender a leer.

En 1998 regresó a Cochabamba y visitó la casa acompañado por la prensa y reconoció los lugares en donde habían transcurrido sus juegos de infancia. En esa ocasión el escritor le autografió a la actual dueña un ejemplar de la novela Los cuadernos de Don Rigoberto.

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