LA REPUBLICA
Política
Domingo, 13 de mayo de 2012 | 7:31 am
Alan García El viernes presentó un manual de oratoria que revela todos sus secretos.
Su condición para recibirnos fue no hablar de política, pero habló de casi todo lo demás. Acaba de terminar de escribir un libro sobre el pensamiento político de Francisco Pizarro. Está investigando la vida de Jesucristo. El viernes presentó un manual de oratoria que revela todos sus secretos. Dicta conferencias, remuneradas, por toda la región. Vive con Federico Danton y está orgulloso de lo que han conseguido sus otros hijos. Dice que no extraña el poder porque, en cierta forma, no lo ha perdido.
Por Óscar Miranda/
Alan García se niega a ser retratado sentado y de cuerpo entero con un argumento atendible en él: sigue gordo. “No, no, todavía estoy muy subido de peso”, dice, con un énfasis en el “todavía” que hace pensar que se viene, por fin, una dieta. “Ay, cómo uno va a hacer dieta en este país, hijo mío, si se come todo el día”. ¿Ejercicios, entonces? “Todavía no”, dice sonriendo, “solo el de los dedos en la computadora”. Uno, que por estos días ha visto en el archivo las fotos de sus mejores épocas, no puede reprimir el comentario redundante: “Está con sobrepeso, señor (ex) presidente”. La respuesta, que uno no sabe si tomar en broma o en serio, zanja la discusión. “Ya, cuando se acerquen las elecciones bajo”.
La carcajada que sigue a tamaña frase resuena en toda la oficina.
El ex jefe del Estado está de buen humor. Hace nueve meses ya que dejó Palacio de Gobierno y no es mucho lo que se ha sabido de él desde entonces. Que anda viajando por el mundo, dando conferencias. Que envió una carta a los dirigentes apristas con la que anunció sus intenciones de meterse de lleno al partido. Esta semana estuvo en Chile durante 48 horas, para ofrecer una conferencia a la élite empresarial chilena y reunirse con Sebastián Piñera. Llegó a Santiago el martes por la madrugada y volvió a Lima el jueves, pasada la medianoche. Casi no durmió. Pese a todo, cuando nos recibió en su oficina, el jueves por mañana, lucía buen semblante. No era para menos. Ya estaba pensando en que hoy, domingo, viajaría a México a ofrecer otra conferencia y a que los empresarios de ese país lo condecoren por haber sido el presidente que más TLC firmó en la región. La condecoración tiene un pomposo nombre: “El Águila de América”.
El Águila de América, conocido también como Alan García, vive, curiosamente, en la calle La Cumbre de Las Casuarinas, en una casa instalada sobre un cerro, cuyo mayor atractivo es que es un balcón natural sobre la ciudad. Al líder aprista le encantan las vistas panorámicas. En su anterior residencia, en Chacarilla, tenía su propio mirador. Pero lo que muy pocos saben es que a mediados de su gobierno mandó arreglar la pequeña caseta de Sedapal que está en la punta del Cerro San Cristóbal y la convirtió en su refugio. Allí caía, de tanto en tanto, con un libro, un calentador y cigarrillos, para leer, tomarse un café, fumar o simplemente apreciar la ciudad. A veces llevaba allí a algún ministro o a algún otro funcionario a tratar temas de Estado. “Me podía pasar todo el rato mirando la bella Lima”, dice.
Hoy sigue contemplando con delectación la urbe, los cerros y, más allá, el mar. La diferencia es que esta vez lo hace bastante lejos de Palacio de Gobierno.
–¿Extraña el poder?
–El poder es la capacidad de influir en el pensamiento de otras personas y en la orientación de la sociedad. Y eso no está solo en la banda presidencial, sino en la capacidad que uno tiene.
–¿Mantiene su poder de influencia?
–No sé si lo mantenga, pero creo que una persona no lo pierde cuando deja un cargo. Otra cosa es ejercer ese poder. En este momento yo estoy alejado de la acción directa. Primero porque me parece totalmente justo que quien ha dejado el cargo se mantenga en silencio dejando actuar al que lo ha sucedido. Y, segundo, porque después de tantos años de labor concreta y administrativa, estoy tomándome un tiempo de reflexión, de escritura.
–¿No siente las ansias del futbolista retirado?
–Nooo, los políticos actuamos con el pensamiento y eso termina con la muerte. Como decía Fernando Belaunde, nosotros no pasamos al retiro como los militares. El político no tiene derecho a la jubilación.
–Entiendo que como presidente tenía jornadas de trabajo extenuantes, de hasta 16 horas. ¿Cómo se ha adaptado al cambio?
–Bueno, en los nueve meses transcurridos he escrito tres libros, de manera que sigo trabajando con la misma rutina. He dictado 16 conferencias, contratado esta vez, y me abstengo de hacer vida partidaria y parlamentaria porque creo que es lo mejor. No obstaculizar al otro. No hacer con otro lo que no quieres que hagan contigo. Esa es una norma de Confucio, al cual, por cierto, estoy revisando.
El poder de la palabra
El 20 de diciembre, García presentó el primero de esos tres libros. Contra el temor económico, creer en el Perú es un mensaje a los lectores de que no hay que exagerar las cosas porque la crisis económica mundial no es el Apocalipsis. “Lo escribí porque estoy cansado de esta tendencia muy humana de alarmar diciendo que el Juicio Final está tocándonos la puerta. Yo pienso que no es así”. El periodista Andrés Oppenheimer lo entrevistó para CNN y en el programa dos comentaristas criticaron el libro y dijeron que su autor vivía “en otro planeta”. “Lamentablemente, la entrevista fue grabada y yo estaba ausente (del set). Yo hubiera retrucado con cifras y datos”.
El último viernes presentó su segundo libro, Pida la palabra. Se trata nada menos que de un manual para aprender a hablar ante el público. Por primera vez, García abre su cofre de secretos. Desde cosas en apariencia tan básicas como dónde poner las manos, cómo pararse o cómo mirar a los oyentes, hasta tips para ejercitar la memoria o darle la vuelta al miedo escénico. “Lo que intento es convencer al lector de que tiene capacidades de comunicación enormes por desarrollar”, dice. El libro incluye ejemplos de buenos discursos. Los hay suyos (el del triunfo electoral en 2006 o el del homenaje a Fernando de Szyszlo) y de gente como Dolores Ibarruri, Martin Luther King y, por supuesto, Haya de la Torre. García dice que, personalmente, el discurso del que más se enorgullece es el del retorno al país, en enero de 2001. Aquel de los versos de Calderón de la Barca, que alcanza tempranamente el clímax cuando el líder que vuelve del exilio señala que le parece “súbitamente un sueño” estar frente a sus miles de seguidores.
–¿Se considera uno de los mejores oradores de la lengua española, como se lee en la contratapa del libro?
–Bueno, lo han dicho muchas personas. Misael Pastrana y otros ex presidentes de Colombia decían públicamente que era el mejor orador de Latinoamérica. Es un halago que en mi juventud cumplía su papel de halago, pero, simplemente... Lo que pasa es que he pensado más en el tema. Y a lo que invito es a que cada uno piense en sus enormes capacidades y las reviva.
–¿Usted nació orador?
–Nooo. Nací como cualquier niño, con las mismas limitaciones, la misma escolaridad. Lo que hice fue tener ejemplos importantes. Obviamente, yo tenía a Haya de la Torre como un personaje importante, homérico, y una de sus características era su enorme capacidad comunicacional.
Pizarro y Jesucristo
El tercer libro de Alan García aún no tiene título. Es una exploración del pensamiento político de Francisco Pizarro. La Conquista es un capítulo de la historia que lo fascina. Después de haber leído todo lo publicado sobre el tema –desde las crónicas de Pedro Pizarro y Pedro Sancho de la Hoz hasta las investigaciones de Porras Barrenechea–, emprendió la escritura. Hace dos semanas acabó. Su conclusión es que esta victoria increíble de 168 conquistadores contra un imperio de 10 millones de habitantes fue posible “no gracias a los caballos ni la pólvora ni el hierro sino a la inteligencia política de este señor”. Descubrió en Pizarro 15 reglas de acción, que conformaron un sistema de acción política. “Curiosamente este sistema de acción política se parecía a las reglas de la baraja española”. Un título tentativo del libro, señalan sus allegados, es “Pizarro, el barón de las barajas”.
Otro tema que lo apasiona, por estos días, es Cristo, desde un punto de vista político, por supuesto. “Yo soy católico, pero con un ejercicio de análisis político intento meterme en la cabeza de los apóstoles para ver cómo lo interpretaban a él políticamente”, dice. Para hacerlo, ha releído la Biblia con pasión. Sostiene que el mensaje de Cristo caló entre sus seguidores debido al descontento de los judíos con los romanos. Dice que los apóstoles tenían una organización muy parecida a la de un partido moderno. “En la última cena”, cuenta, “Cristo ve que sus discípulos están discutiendo y les pregunta por qué discuten y le responden que estaban discutiendo para ver quién sería el primero después de que él se fuera”.
En este punto, la asociación mental entre este episodio de los Evangelios y lo que pasa en el Apra por esta época es casi blasfema, pero inevitable.
–Jesucristo bien pudo mandarles una carta a sus apóstoles pidiéndoles renovación.
–(Sonríe). Yo doy mis ideas. No tengo ningún apetito por ocupar ningún cargo.
–¿Las pugnas entre los apóstoles no le hacen recordar a las de su partido?
–Son cosas distintas. Todos los partidos tienen pugnas. Somos humanos. Cristo está por encima de eso.
Lejos del partido
Aunque la carta del 14 de abril representó el primer paso de García hacia las tareas de conducción del Apra –decisión que anunció a algunos dirigentes allegados–, en la práctica sigue alejado de las actividades del partido. Desde que dejó la Presidencia no ha ido ni una vez a la Casa del Pueblo. Con la Comisión Política se ha reunido un par de veces. Con el CEN, controlado por Jorge del Castillo, nunca. Él prefiere mantenerse alejado de las pugnas. “No me traigan chismes, no quiero saber”, les dice a los pocos dirigentes apristas que lo visitan.
A quienes ve con cierta frecuencia son a algunos de sus ex ministros, sobre todo a ‘Joselo’ García Belaunde y a Luis Carranza, quienes dictan clase en el Instituto de Gobierno de la USMP, que él dirige. Ellos y otros ex colaboradores suyos son asiduos concurrentes a las mesas redondas que viene realizando, desde octubre, con los nombres de “Diálogos para el futuro” y “Diálogos de Actualidad”. En febrero, en el clímax del conflicto por el Proyecto Conga, sentó en una misma mesa a Roque Benavides y al padre Marco Arana. Hubo polémica pero también mucho respeto.
Para no aburrirse
¿Cómo se divierte Alan García? Dice que desde que salió de Palacio se alejó de sus amigos los criollos. “Soy un cantante nato, pero ya no veo a Bartola, murió mi hermano el ‘Zambo’ (Cavero), Pedrito (Otiniano) está enfermo, Lucho Barrios murió. Ya esto de tener 62 años es un problema. Antes con ellos hacía mi jarana”. Algunos salseros aseguran haberlo visto bailando en uno de los salsódromos más exclusivos de Lima. Él dice que ha ido un par de veces a peñas, pero que como le han hecho fotos ya no quiere volver.
En televisión, mira CNN, Bloomberg, para seguir las noticias económicas, y muchas películas. Su problema es que duerme poco. “Es una herencia de Haya de la Torre. Me acuesto a la una o una y media y no puedo dejar de despertarme a las seis. Antes decía ‘tomaré pastillas’, pero ya para qué si ya viví así casi toda mi vida. Ya tendré tiempo de dormir bajo tierra”.
–¿Lee la prensa?
–En la mañana leo ocho periódicos y escucho un poco de radio para ver qué está pasando. Y el placer es que uno ya no está. Ya no salgo. Alan García (no aparece) ni a favor ni en contra. Ya no estoy.
–¿Se siente aliviado?
–Lo que agradezco es que no tengo la tentación de salir a combatir, a la respuesta, porque cuando uno sale inmediatamente dicen “ah, es porque quiere ser candidato”. Me lo preguntaron en El Mercurio. Si sería candidato... Oiga, yo no dejo la política. Aun escribiendo hago política. Y no dejaré de ser aprista nunca. Pero no estoy obligado a ser candidato. Cuando usted da sus conferencias sobre la economía mundial y se presenta como candidato, dicen “cada palabra que dice es porque quiere ganar votos”. Y me dejan de creer. ¿Sabe qué? Prefiero que me crean.
–¿Por eso es que en esta entrevista decidió no hablar de política?
–Es que no quiero que me vean como un “engancha votos”vulgar, que está calculando todo para ver qué gana.
El miércoles 23 cumplirá 63 años. Asegura que no se siente viejo para nada. Su vanidad está intacta. En unos minutos se negará a las fotos sentado de cuerpo entero y le pedirá al fotógrafo que retrate su mejor perfil, el derecho. Pero ahora que acabamos la entrevista, le pedimos una frase que resuma el camino andado. “El balance es positivo. Eso es suficiente”.
La vida en familia
Alan García no puede estar más orgulloso de sus hijos. Los García Nores fueron todos cum laude en sus respectivas universidades. Josefina es doctora en Ciencias y trabaja en el laboratorio del Hospital Americano de Enfermedades Tropicales, en Lima. Gabriela es médico del Hospital de Nueva York y “gana tres veces más de lo que ganaba el presidente de la República”, según su padre. Luciana es abogada del BID y vive en Washington. Alan Raúl acaba de terminar su maestría en Derecho Corporativo en Singapur y se está yendo a trabajar a un importante estudio de Nueva York.
Carla García Buscaglia, la mayor, contertulia ocasional de Beto Ortiz en la tele, “tiene una gran comunicación con la vida moderna, vive una vida más literaria”. Su padre también manifiesta un gran cariño hacia ella.
Pero por quien babea todos los días es por Federico Danton, de siete años. García vive con él en la casa de Las Casuarinas. “Por el momento duerme conmigo, yo sé que no debería hacerlo pero es maravilloso ver dormir a un niño, sentir su cabeza sobre mi pecho”. Dicen sus allegados que Federico es, quizás, el más parecido a su padre. No le teme a la atención pública. Por el contrario, parece disfrutarla.
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